Thursday, August 14, 2014

Conflicto en Gaza: Una guerra no declarada

Por Rafael Arazi, desde Israel para Kosherlat 

La guerra en Gaza, a la  que el gobierno de Netanyahu se ha empeñado en llamar  “Operación  Margen Protector”  cumple  ya más de cinco semanas. Mucho más de lo previsto aparentemente por las dos partes, antes del desbarranco al precipicio de la violencia total.
En el momento de escribirse estas líneas, Hamas se apresuró a romper la tregua de 72 horas, anticipando su término. Ocho misiles fueron lanzados a territorio israelí.  Tzahal contestó el fuego. Más tarde, el mediador egipcio anunció que palestinos e israelíes aceptaron ampliar la tregua por cinco días más.

No hay duda de que Hamas no sólo ha salido muy golpeado de esta acción, sino que la  heterogénea conformación de su delegación en El Cairo, está extremadamente confundida y busca no sólo llegar a un acuerdo de apaciguamiento con Israel, sino regresar a Gaza con el trofeo de la victoria. Cuando se habían cumplido 28 días del inicio de las hostilidades y luego de haber destruido 32 túneles y miles de  posiciones lanza misiles, Netanyahu anunció que la misión había sido cumplida y Tzahal se  replegó a la línea fronteriza.

El gobierno de Netanyahu resolvió tomar la  iniciativa y ya no sólo reaccionar  ante Hamas. Aunque  la gran mayoría del pueblo de Israel, se ha mostrado a favor de asestar  un golpe mortífero a Hamas, el gobierno no se ha dejado arrastrar por el instinto y el clamor popular. Por eso quizás, el  pueblo ha sabido respetar y aceptar  hasta el momento, su  cauta actitud. Misma que le ha valido también, para obtener el apoyo de la oposición. La estrategia israelí nunca fue la de  ocupar la franja de Gaza ni de hacerse cargo de la vida de sus habitantes. Tampoco  se propuso destruir a Hamas y a su gobierno en ella. Siempre consideró preferible, contar con  un interlocutor, aunque este sea su más feroz enemigo, a tener que enfrentarse a   distintas  facciones islamistas en  total anarquía. Israel  ha salido de  Gaza dejando  a Hamas  aislado y abandonado, incluso por sus hermanos en Judea y Samaria. Que comparten el dolor de la población, pero no la acción de Hamas.

El gobierno israelí  ha anunciado que no mantendrá ningún tipo de diálogo, mientras no se mantenga el alto al fuego total.  Egipto por su parte, ha presentado desde un principio una posición dura e inflexible ante Hamas. Aparentemente para humillarlo a los ojos del mundo árabe y en especial ante la  propia  población palestina. Siendo Hamas una filial ideológica de la Hermandad Musulmana, buena razón tendrá  el presidente egipcio A-Sisi para ello. Por otro lado, los egipcios son también parte directa de las negociaciones. En sus manos quedará la decisión de abrir o no el  paso de Raffah, única conexión terrestre de  Gaza con el mundo exterior.

De tal manera que Hamas ha  quedado  sin  ningún logro que podría justificar ante  su población, la descabellada  aventura  bélica tomada. Hamas ha fracasado tanto en el  campo militar, como  en el diplomático. Sólo ha ganado, como era de prever, la batalla de la opinión publica. La parcialidad de los medios internacionales ha sido  tanto asombrosa como vergonzosa. Han mostrado sólo cuerpos de niños y mujeres heridos o muertos y barrios devastados. Pero por alguna razón, han  obviado  filmar en tiempo real, el lanzamiento de miles de  misiles desde esas mismas áreas civiles. Esos misiles han sido fotografiados  solo desde el lado  israelí. No han visto uniformados ni han captado  a un solo combatiente de Hamas. A ninguno de sus comandantes o  dirigentes. Como si Israel hubiera salido a luchar contra indefensos civiles.

Este es el momento de recordarle a  la ONU y al mundo entero, que la prohibición a la entrada a Gaza de armas y   maquinarias para su producción, fueron  los incisos más importantes de  los acuerdos  firmados al final de los dos últimos enfrentamientos  entre Hamas e Israel en 2009 y 2012 y  refrendados por ese organismo internacional. Al escandalizado mundo que hoy condena a Israel por su “desproporcionada” respuesta a los ataques de Hamas, hay que recordarle que en  2005, Israel desmanteló 17 asentamientos agrícolas y abandonó unilateralmente  la Franja de Gaza. Desde entonces, más de 10 mil cohetes  han sido lanzados sobre territorio israelí.
Por eso, si alguien imparcial  quisiera  hacer un cálculo realmente “proporcional” de esta confrontación, debería  evaluar también, el número de victimas israelíes potenciales que esos miles de misiles hubieran causado en las ciudades de Israel, de no contar Tzahal, con el sistema de defensa “Cúpula de Hierro”. Además de   los miles  de refugios que protegen a la población civil. Hamas no pensó en absoluto en su población civil, cuando con dinero de los países donantes, construyo una extensa red de túneles estratégicos. Ninguno de ellos fue usado  para salvar una sola vida palestina.

La ONU y su Comisión de DDHH, que hoy reprenden y condenan a Israel, son los directos responsables de esa macabra realidad  gestada en Gaza, durante los últimos años. Quién podría explicar sino, la existencia de más de 10 mil  misiles de origen iraní y la avanzada  maquinaria para su   fabricación, de las que Hamas hacia alarde antes de esta guerra? Hoy todo el mundo llama a concertar un acuerdo de paz entre Israel y Hamas. Olvidan que Hamas no podría nunca  negociar con Israel,  un acuerdo de esa naturaleza. Porque Gaza no es un país soberano, sino solo una porción de lo que tendría que ser el estado palestino.
Porque al pueblo palestino lo gobierna la Autoridad Palestina y Hamas ha sido siempre una fracción rebelde. Porque Hamas es una organización terrorista, así declarada por  la ONU y muchos países del mundo. Porque de ninguna manera representa a la mayoría del  pueblo palestino. Y finalmente, porque en  su Carta Fundamental ha declarado su férrea intención de destruir a Israel. No de  acordar la paz con ella.

Por ello, el gobierno de Netanyahu tiene ante si, cuatro opciones factibles. A) anunciar de manera unilateral la conclusión de la operación  “Margen Protector”, desconectarse de todo  dialogo con Hamas y responder cada vez con mayor contundencia a sus  ataques. B) Tratar de llegar a un acuerdo consensuado con la mediación de  Egipto y la participación de la Autoridad Palestina, que establezca  una distensión bélica a largo plazo y  que incluya algunas concesiones que permitan  aliviar la situación de la población civil palestina. C) Continuar y acrecentar el ataque por tierra, mar y aire, hasta asestar  un golpe  tan contundente a Hamas, que lo lleve a desistir de continuar luchando. D) Penetrar a  la Franja de Gaza y destruir físicamente a Hamas. Esta última estrategia, aunque nunca fue una opción   para Netanyahu,  , tiene como adeptos a por lo menos tres de los nueve ministros que  componen el gabinete de seguridad.

Observadores sostienen que por el momento, la opción  preferencial del gobierno israelí seria la de llegar a un acuerdo consensuado que lleve a una calma prolongada. Aun bajo el entendimiento de que Hamas no renunciará nunca a sus principios fundamentales y  a pesar de que ninguno de sus objetivos estratégicos fueran logrados  No  logró sembrar la  muerte y la desolación en las ciudades de Israel con el lanzamiento de miles  de cohetes de todo tipo y alcance. No pudo usar sus  túneles para irrumpir  a través de ellos, en medio de poblaciones  israelíes y causar estragos humanos. Ni  pudo secuestrar soldados israelíes vivos o muertos como era su intención. La opción de llegar a un acuerdo consensuado con la intermediación egipcia, le permitiría a Israel lograr una tregua sin límites preestablecidos. Esa tregua debería  estar  refrendada y controlada por los países árabes moderados, la Autoridad Palestina,  EEUU, el Cuarteto Europeo  y la ONU. Para ello, seria imperioso seguir preservando el silencioso apoyo de casi la totalidad de los países árabes moderados. Esta opción permitiría quizás, engendrar un proceso de desgaste interno de Hamas,  que a la vez canalizaría  gradualmente más autoridad al gobierno de unificación nacional,  encabezado por Mahmud Abbas. De ninguna manera, Israel debería verse involucrado en ese  proceso interno de cambio, en el seno de la dirigencia palestina. Pero si  podría quizás,  a través de una acción preconcebida, coadyuvar a la concreción de ese proceso. Para ello,   Israel debería combinar  una actitud dura y de castigo hacia cualquier intento bélico de Hamas, junto a una predisposición positiva para la reconstrucción de las zonas afectadas en Gaza.

La rehabilitación de su población, flexibilizando además algunas de las  medidas que han mantenido a Gaza en un sitio territorial.  Netanyahu debería cambiar su actitud negativa hacia el gobierno de unificación palestino, declarando  públicamente su cambio de postura  y reanudando  al mismo tiempo, las negociaciones de paz con Mahmud Abbas, interrumpidas hace solo  tres meses. La oposición liberal y la izquierda,  le brindarían todo su apoyo a ese giro estratégico. La derecha en cambio, lo rechazaría rotundamente. Por que hay quienes desde el vamos se oponen a la creación de un estado palestino independiente. Pero sobre todo por que por el  momento, el gobierno israelí no puede  asegurarle a la población una calma total y definitiva. Esto  hace muy difícil el retorno de parte de la población fronteriza que abandonara temporalmente sus hogares, esperando volver a una realidad sin la amenaza de túneles y misiles. Así es que por el momento, y hay que reconocerlo, el ”operativo” en Gaza, como el gobierno israelí prefiere calificarlo, por razones internacionales y económicas internas, no ha resuelto  de manera definitiva, el problema de  eventuales  acciones de terror esporádico desde Gaza.

Por tal razón, Netanyahu enfrenta hoy una oposición cada vez más activa  y osada  en el gabinete de seguridad.  Parte de los  ministros del Likud, arrastrados por las posiciones extremas  de los ministros de la coalición, Liberman (Exteriores) y Benet (Economía), portavoces de la derecha nacionalista, quisieran ver una acción  punitiva que acabe con Hamas. De no lograrse una pacificación a largo plazo, con garantías reales para Israel,  sus mismos partidarios y la calle,  le exigirán  a Netanyahu cuentas políticas. Hay que señalar también,  que días dramáticos se viven en  la región, a causa del manto de muerte y exterminio que va dejando  a su paso  el Ejercito Islámico en  Irak y Siria,  tocando ya las fronteras de  Jordania, Líbano y Turquía. No es este el momento de hacer concesiones de ningún tipo al terrorismo islámico, advierten muchos. Por eso no es casual que, Egipto Arabia Saudita y una curiosa lista de países árabes, desde el Golfo Pérsico hasta el norte de África, hayan mantenido  una  posición adversa a Hamas. Creando una tacita y silenciosa alianza de intereses con Israel.  Todos y cada uno de ellos, de acuerdo a sus intereses domésticos y geopolíticos, se congratulan por el contundente golpe que Israel le propinó al  Islam fundamentalista, a través de Hamas en Gaza.

Por otro lado, si Israel está en los grandes titulares de las noticias, eso hace  olvidar al mundo, las miles de víctimas que se siguen cobrando  a diario, los conflictos en Siria,  Irak, Libia y Líbano, como así en varios piases africanos. La guerra en Ucrania y el avión de Malasia con 300 pasajeros a bordo, que fuera derribado por un misil de fabricación rusa, ya están casi  olvidados.  En algunos países del mundo los  acontecimientos en Gaza han servido incluso, para despertar o enardecer  aun más, los sentimientos anti judíos  y anti israelíes siempre latentes. Israel no  puede ser indiferente a  su imagen ante la opinión internacional, pero ante todo debe impedir por todos los medios a su alcance,  los  propósitos asesinos de sus enemigos. Esa realidad no la comprenden  los países del mundo, que para su suerte, nunca han tenido que enfrentarse  a situaciones semejantes.

El mundo no entiende que la cifra de muertos entre la población palestina  pudiera  haber sido diez veces mayor, si Israel hubiera actuado bajo la consigna de “tierra arrasada” y no alertara previamente a la población civil,  de un futuro  ataque a su área de residencia.  O si Israel hubiera decidido interrumpir el suministro de energía eléctrica, agua y combustible con los que provee a la Franja de Gaza,  originando una catástrofe  humanitaria de gigantes proporciones. O si en medio de la lucha, hubiera detenido  el paso   de los 200 camiones diarios, que portaban  alimentos y medicinas.  O si hubiera dejado de atender  a los cientos de niños y adultos gazaties internados  en hospitales de Israel, desde antes de la irrupción del conflicto. Que otro país se conoce en el mundo que en tiempos de guerra, hubiera actuado de tal manera? La  pregunta a las personas sensatas es, cómo habría de actuar un ejército regular que lucha  contra una guerrilla urbana que dispara a los soldados pero en especial, sobre la retaguardia civil de Israel, desde casas, hospitales, escuelas, mezquitas y edificios de la ONU.

En ambos bandos naturalmente, se llora ahora a las victimas. Según los palestinos, las cifras alcanzan casi los dos mil muertos civiles y hay casi 10 mil heridos. Qué significa esa cifra? Que entre los muertos no hubo  guerrilleros del Hamas? Que no lucharon y  solo se escondieron en  sótanos cavados debajo de viviendas y edificios civiles? Es posible  que  solo los civiles palestinos, enfrentaron al ejercito israelí? Tzahal  asegura que entre las dos mil victimas palestinas hay más de mil  guerrilleros muertos en combate. También en Israel se llora a  los 64 jóvenes soldados muertos en combate y a tres civiles.  Cada uno tiene nombre y apellido. Jóvenes  veinteañeros que dieron sus vidas en una guerra que no tuvo alternativa. En Israel, ninguno de ellos es anónimo. No se trata de buscar proporcionalidad ni de reclamar el consuelo del mundo.  Más de veinte mil israelíes asistieron a la sepultura de un soldado caído en Gaza, sin familiares en Israel. “Aquí nadie está solo. Todos somos padres, hijos o hermanos de todos”, afirmó uno  de los presentes en el funeral, con el rostro compungido. Hamas en cambio, se empeña en  abultar más aun la lista de victimas. Sus  muertos son un arma estratégica de gran poder. Pretende conseguir en los medios y la opinión publica internacional, lo que no pudo lograr en el campo de batalla. Ambos lados comienzan ahora también,  a contabilizar los cuantiosos costos de esta guerra innecesaria y aun no concluida. En Gaza se habla de que serian necesarios más de 6 mil millones de dólares para la reconstrucción de las zonas afectadas. En Israel por su parte, se calcula que los gastos directos de la acción militar,  alcanzarían los dos mil millones de dólares. Pero a esa cifra habría que sumarle los costos de indemnización por daños físicos causados por los misiles, a casas, vehículos e infraestructuras.  Los reembolsos del Seguro Social por la pérdida de salarios de miles de trabajadores. Se  deberá indemnizar a los agricultores por los  productos no cosechados,  desperdiciados o no exportados. A los industriales se les deberá cubrir daños por la producción industrial interrumpida y por la exportación postergada o perdida de sus productos.  Se calcula que el costo total,  podría alcanzar los cuatro mil millones de dólares. Cifra que vendría a sumarse al déficit  presupuestario del 2.9%, calculado para este año.  Además, existe el  temor de que se produzca  una recesión    en todos los sectores de la actividad económica israelí. Especialmente en el comercio y en el  turismo. Lo que afectará al índice anual de crecimiento.  Es obvio  que  el ministerio de Defensa, reclamará remesas presupuestarias extraordinarias para reponer  lo gastado durante la operación militar, como así también,  para seguir impulsando el  desarrollo y la supremacía tecnológica de Tzahal. Como por ejemplo,  la construcción  de un sistema  que alerte sobre la excavación  de túneles cercanos a la frontera.  En Tzahal se afirma que no está lejos el día, en  que ese dispositivo se logre e implemente.

Mientras tanto, la Comisión de DDHH de la ONU se ha apresurado a condenar a Israel, como ya es rutinario. Luego ha nombrado a una comisión investigadora compuesta por tres prominentes juristas, quienes deberán investigar sólo a Israel.  La encabeza el canadiense William  Shabas, quien en el pasado y reiteradamente ha anunciado públicamente, que quisiera sentar en el banquillo de los acusados de una corte internacional, a Benjamin Netanyahu y a Shimon Peres, para que sean  juzgados por delitos contra la humanidad. En Israel,  ya se relacionan con burla y desden  a todo lo que provenga de esa Comisión, comentando que no es necesario que los investigadores lleguen a Israel a investigar. El veredicto ya ha sido  escrito. Sólo falta que alguien lo firme. En realidad, nada  se puede esperar de una Comisión de DDHH compuesta por 47 países, entre los que se cuentan adalides de esos derechos,  tales como Siria, Irán, Corea del Norte y Cuba.  

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