Thursday, June 5, 2014

A 47 años de la Guerra de los Seis Días

Por Rafael Arazi desde Israel

47 años 
Esta semana se cumplen 47 años de aquel memorable acontecimiento  registrado en los anales de la historia moderna, como  la “Guerra de los Seis Días”. Casi la mitad de un siglo ha transcurrido desde aquella semana dramática en la historia de un país,  que acababa de  cumplir sólo 19 años de vida independiente. Tres semanas antes del  comienzo de las acciones bélicas, Egipto, Siria y Jordania, con el apoyo de Irak, anunciaron que abrirían una campaña militar que culminaría con la destrucción total de Israel. Al otro lado de la frontera, el gobierno israelí que escuchaba las amenazas con extrema atención y seriedad,  decidió declarar el estado de alerta máxima. Israel con las espaldas al mar,  se veía  amenazado desde tres de sus cuatro fronteras. La pregunta era  en aquellos días, cual podría ser  la razón de ese odio feroz y de aquellas ansias de guerra?  Israel no ocupaba  un solo centímetro  del territorio de aquellos  países árabes.  Una terrible y obscura sombra negra,  se iba extendiendo sobre el país y  una gran aprensión  se adueñó de la mayoría de la población, temerosa de  que se podrían  repetir las terribles secuencias de un nuevo holocausto.

El gobierno del primer ministro Levy Eshkol, a la vez que tomaba las medidas militares pertinentes, ordenó también cavar  70 mil fosas en parques y bosques aledaños a las grandes ciudades, con el fin de enterrar allí a las eventuales victimas de la confrontación. Esa era la  magnitud de  lo que  se presentía, podría  ser el resultado de una guerra total con los ejércitos  árabes.  Los ejércitos de Egipto, Siria e Irak, estaban pertrechados con las más modernas y mortíferas armas soviéticas de la época.  Tres millones de israelíes, almacenaban alimentos, cavaban trincheras, construían murallas defensivas con bolsas de arena alrededor de sus  casas, de   hospitales y de edificios públicos. Todos los hombres y mujeres en edades de entre 21 y 54 años alistados en la reserva,  fueron movilizados. Los jóvenes de secundaria y preparatoria, fueron instruidos como ayudantes de enfermería, ocupando también,  lugares de trabajo de máxima importancia, abandonados por sus mayores  reclutados al servicio activo. Miles de autobuses, camiones y hasta automóviles particulares, fueron incautados por el ministerio de Defensa, para cubrir las necesidades inmediatas del ejército. El trabajo agrícola y la actividad industrial, quedaron  prácticamente semi paralizados. Nasser arrojó por la borda todos los acuerdos internacionales que había firmado y  exigió además, la evacuación de las fuerzas de seguridad apostadas por la ONU en la frontera de Sinaí. El mundo diplomático, caminaba  a paso de tortuga  empantanándose cada vez más en   arduas y estériles discusiones, en lugar de  tomar una firme posición que defendiera a Israel de las intenciones genocidas de sus  potenciales  agresores. El 5 de junio de 1967, el gobierno israelí decidió enviar a Tzahal a librar lo que se pensaba, iba a ser una nueva edición aumentada y agravada,  de lo que fuera la guerra de Independencia. El resultado es hoy hartamente conocido. En el término de seis días de intensos combates en todos los frentes, la amenaza y el eminente peligro de destrucción, fueron  alejados de las fronteras israelíes.

El total del territorio conquistado por Tzahal, desde Sinaí hasta el Canal de Suez. La Ribera Occidental, la ciudad antigua de Jerusalem  y las alturas del Golán, era tres veces mayor que  todo su  territorio en vísperas de la guerra. Mientras los israelíes tomaban  un respiro de alivio,  captaban la real magnitud del acontecimiento y festejaban su triunfo, el pueblo judío en el mundo,  elevaba sus oraciones en acción de gracias. El mundo entero observaba estupefacto e incrédulo, la nueva realidad  que se había gestado  ante sus ojos en el Medio Oriente. Levy Eshkol anunció la  anexión y reunificación de la ciudad de Jerusalem. Pero aseguró  que el resto de  los territorios conquistados, serian  mantenidos en prenda,  hasta  ser canjeados por acuerdos de paz con cada uno de los países árabes involucrados. En tanto, el pequeño estado hebreo se había transformado en seis días, en una fuerza militar con capacidad demoledora, que todos y cada uno debería tomar muy en cuenta en la región. Los líderes árabes y sus hermanos palestinos  reunidos  en Sudan,  decidieron entonces adoptar, la resolución de las “tres negativas”.  No reconocimiento, No negociación y No paz con Israel. Como consecuencia de la intransigente posición árabe, a mediados de los años 70, lo que comenzó como una titubeante iniciativa se fue convirtiendo con los años, en un gran  proyecto  de colonización en  los  territorios  ocupados. O los “liberados y redimidos”, como los llaman  algunos. La  Eretz Israel bíblica en manos judías se convertía  de repente en realidad. Para algunos israelíes, la mano divina habría sido determinante en lo ocurrido y por eso había que obedecer su designio. A lo largo de los años,  Israel se enfrentó y tuvo que sobreponerse a otras guerras, así como  a un sinnúmero de terribles actos de terrorismo dentro y fuera de su territorio. Pero  cuando las condiciones políticas fueron  propicias,  firmo acuerdos de paz con Egipto y Jordania, evacuando todos sus territorios.  Sin los países árabes de por medio,  palestinos e israelíes quedaron nuevamente solos en la escena volviendo a las  primigenias raíces del conflicto. El choque de dos movimientos de liberación nacional, enfrentados  por un  mismo trozo de tierra en Eretz Israel. En 1993, Israel firmó con los palestinos los acuerdos de Oslo, basados en el mutuo reconocimiento. Se estableció por primera vez en la historia en parte de Judea y Samaria, una Autoridad Palestina autónoma.

En 2005 el gobierno de Ariel Sharon evacuó  de manera unilateral, todos los asentamientos israelíes de la Franja de Gaza, luego de ser sofocada   la Segunda Intifada, que costara la vida a más de mil civiles y dejara a cinco mil israelíes heridos. A la par, fue construida una alta muralla divisoria de cemento, con el fin de detener la infiltración de terroristas suicidas provenientes de la Rivera Occidental. En perspectiva histórica, podría afirmarse que si bien la Guerra de los Seis Días, fue  como una segunda guerra de liberación para Israel, esta  agudizó aun mas  el conflicto entre judíos y  palestinos. La expansión territorial sobre Judea y Samaria, significó el dominio directo israelí  sobre una gran población hostil. Pero hoy, los palestinos gobiernan  a más del  90% del total de su población. Para los  que se oponen a un  estado palestino y pretenden  un  Israel que se extienda  desde el Mediterráneo hasta el río Jordan, su empresa colonizadora no se ha detenido  un solo día. Cada acto de terror, fue contestado siempre con  una “respuesta sionista”. La creación de un nuevo asentamiento. Lo que va convirtiendo en cada vez menos factible, una separación viable entre los dos pueblos. La colonización en Judea y Samaria ha continuado así, su implacable  marcha. En ella se han invertido  miles de millones de shekels. Sin proporción alguna a lo invertido en otras  zonas mas postergadas de Israel. Sumado a su alto costo económico, la colonización  ha repercutido negativamente sobre muchos aspectos sociales y morales de la sociedad israelí. Daño que seria  imposible de cuantificar. La política de colonización se ha hecho siempre, con el respaldo de todos los  gobiernos de turno. De derecha o de izquierda. Hoy  viven en Judea y Samaria esparcidos en 117 ciudades,  aldeas agrícolas y  comunidades,  mas de 370 mil israelíes, que ocupan el 9.1% del total de ese territorio. Además, 250 mil israelíes, residen en los  nuevos barrios construidos al este y al sur de  Jerusalem. En conjunto,  representan el 10% del total de la  población judía del país. Si sumáramos el millón y medio de árabes ciudadanos de Israel, a los palestinos, habitan hoy en esta estrecha franja  de tierra que corre  entre el Mediterráneo  y el río Jordan,  seis millones doscientos mil judíos  y algo más de 5 millones de palestinos. Los unos y los otros conforman juntos un enjambre humano muy volátil y  explosivo, que la simple lógica recomendaría separar en dos estados. Hecho que por otro lado, aseguraría  el futuro de un estado de Israel con mayoría judía y la preservación de su democracia.

Pero la lógica no rige siempre en las mentes de israelíes y palestinos. Ambos siguen atrincherados y empantanados en sus posiciones y cada día que pasa, la situación se hace  más compleja y  difícil de resolver. Los extremistas de ambos bandos, son los que mas influyen por el momento, en la agenda del conflicto.  Todos los  gobiernos israelíes han expuesto condiciones extremas de seguridad ante los reclamos independentistas palestinos. Los palestinos por su parte, no han renunciado aun al  “retorno” de millones de refugiados a  territorio israelí. Exigen  la división de la  ciudad de Jerusalem en dos capitales, a la vez que se niegan   reconocer a Israel, como  estado nacional del pueblo judío. Hamas y otras organizaciones, aseguran que jamás abandonaran su lucha.  De aquí que  las  máximas concesiones y los altos riesgos que  estaría dispuesto a  tomar Israel, ni siquiera se acercan  a los mínimos reclamos irredentistas  palestinos. Esta semana, salieron a las calles de varias ciudades palestinas, miles de manifestantes islamistas bajo el lema, “maten a los  perros y cerdos judíos”. La televisión mostró  a cientos de niños vociferando  esas consignas de odio. Las imagines, seguramente produjeron repugnancia  y escalofríos  en mas de un israelí. Pero con esos niños de hoy,    habriá  que concertar  la paz de mañana. Esa es la joven generación palestina que tendría que  divisar en el horizonte, una alternativa de esperanza en sus vidas.  Toda otra alternativa seria  una quimera para ellos.  Durante los 47 años  transcurridos desde 1967, Israel ha librado muchas   batallas y en todas afortunadamente, ha salido airosa. La  más importante que aun no ha podido ganar, es la de la paz con los palestinos. La Autoridad Palestina   acaba de anunciar la constitución de un gobierno reunificado con  Hamas. El gobierno israelí ha condenado  el acuerdo, pero  resolvió no aplicar  sanciones económicas. EEUU, el aliado incondicional  de Israel, ha anunciado que le dará una oportunidad al nuevo gobierno palestino y que  examinará  su conducta. M. Abbas ha declarado que su nuevo gobierno respetará todos los compromisos  firmados con Israel y que continuará  la coordinación conjunta de las fuerzas de seguridad. El líder de Hamas por el contrario, ha declarado que su organización continuara sin tregua, la lucha contra Israel. Al  tiempo que proclamaba como “héroe” a un palestino que murió en el intento de matar a un soldado israelí,  su suegra era  internada en un hospital israelí para ser tratada de  un  cáncer avanzado.  Son algunas de las  contradicciones de los palestinos, entre lo que se dice y lo que se hace. Pero  es posible que estemos  a las puertas de un nuevo capitulo en la historia de este conflicto. Los palestinos se están moviendo y están tomando la iniciativa política. El gobierno de Netanyahu en cambio,  está enquistado en sus posiciones y encadenado a su estrategia. La cual  Occidente  parece ya no estar  dispuesto a respaldar sin objecion.  Dentro de seis meses, los palestinos irán a  elecciones generales. Si Hamas las ganara, el pueblo palestino habrá dicho su última palabra.  Esta misma semana, el corazón de un niño israelí de tres años, muerto ahogado en la piscina de su casa, fue implantado en el cuerpo de un niño árabe que sufría  de una aguda  insuficiencia cardiaca. Pocos saben de lo grande y generoso, que puede llegar a ser un  pequeño corazón judío.

Publicado por Valeria Duek Kosherlat Jewish tours Buenos Aires Argentina

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